OBESIDAD INFANTIL EN TIEMPOS DE COVID-19
En Estados Unidos, en diciembre de 2020 se publicaron 1,27 millones de nuevos casos de obesidad infantil, lo que supondría un aumento de obesidad, la obesidad en el adulto se considera uno de los factores de riesgo más importantes para desarrollar formas graves de enfermedad por COVID-19, aumentando el riesgo de mortalidad. Lamentablemente no han modificado esos factores que siguen incidiendo de forma tan negativa en la etiopatogenia de la obesidad infantil. Por lo tanto, la obligación del pediatra busca implementar un tratamiento urgente de esta situación.
El estrés también juega un lugar importante en esto, pues además de un aumento de los niveles circulantes de glucocorticoides. Durante la cuarentena, los adolescentes aumentan hasta en un 20,7% la ingesta de dulces y bebidas azucaradas, y el 64% se refiere a haber consumido peso en el 25% de los adolescentes encuestados. Las tasas más altas de adherencia a la ingesta semanal de alimentos saludables ha tenido lugar en mujeres adolescentes que viven en Europa en el inicio de la pandemia de COVID-19.
Impacto de la COVID-19 sobre la actividad
física y el sedentarismo
El incremento de los hábitos sedentarios en los niños y adolescentes durante la pandemia, ya resultaba ser una preocupación previa.
Esta enfermedad orillo a los adolescentes a utilizar plataformas virtuales pues estaban adquiriendo que los niños y adolescentes las utilizaran para comunicarse con otros, jugar videojuegos y acceder a redes sociales.
La pandemia trajo consigo un mayor tiempo frente a la pantalla para los niños a medida que las escuelas trasladaron el aprendizaje a la virtualidad. Aunque esto ha sido beneficioso para fines educativos y para la comunicación social entre los niños, el aumento del tiempo de pantalla puede incrementar aún más los hábitos sedentarios, así como aumentar los riesgos de ansiedad, depresión y falta de atención. Existe una asociación entre el aumento del índice de masa corporal y el porcentaje de grasa corporal a medida que aumenta el tiempo frente a las pantallas, lo que lleva consigo, además, un aumento en la ingesta de alimentos que condicionará un aumento de peso, hipertensión arterial y resistencia a la insulina.
Por lo tanto, es imperativo restablecer ese equilibrio entre el tiempo que consumen los niños con pantallas y la actividad física, aconsejando que el primero sea inferior a las dos horas diarias. De hecho, se han multiplicado las aplicaciones relacionadas con la salud, lo que ofrece una oportunidad para difundir intervenciones en el estilo de vida que se deben aprovechar en un futuro.
Obesidad infantil e infección por COVID-19
La relación entre la obesidad y las enfermedades virales se ha estudiado durante muchos años.
Durante la epidemia de gripe por H1N1, cobró especial interés, ya que se observó que los pacientes obesos tenían mayor riesgo de desarrollar la enfermedad tenían mayor mortalidad.
Durante la epidemia de COVID-19 en Canadá, la obesidad fue el tercer factor demográfico más sobresaliente entre los niños, detrás de aquellos con enfermedades graves, inmunodeprimidos o con procesos oncológicos.
En Nueva York, la obesidad fue la comorbilidad más prevalente en los 50 casos graves de COVID-19 que afectaron a niños y adolescentes.
Lo cierto es que los tres principales factores de riesgo que relacionan la obesidad con la COVID-19 demostrados en adultos también están presentes en niños y adolescentes y no son otros que la inflamación subclínica crónica, una respuesta inmunitaria alterada y enfermedades cardiorrespiratorias subyacentes, como el asma.
Entre lo especulado también existen datos objetivos, como el que a continuación se expone.
El óxido nítrico es una de las sustancias más potentes desde un punto de vista antiinflamatorio que ayudaría a combatir la infección por SARS-CoV-2.

María Gloria Bueno Lozano. Obesidad infantil en tiempos de COVID-19. (2021). Revista Española de Endocrinología Pediátrica, VOLUMEN 12(1).
https://www.endocrinologiapediatrica.org/revistas/P1-E36/P1-E36-ES.pdf#page=4



